Carla Ortiz se prepara para saltar a Netflix

  • Encarnará a la heroína Juana Azurduy de Padilla

El Deber

Su inicio en el mundo de los escenarios no fue en la actuación, sino en el modelaje. Cuando tenía 13 años se subió a una pasarela y de ahí nadie la bajó. El paso a la actuación fue casi natural, primero en teatro y luego quiso ir más allá y apareció en Hollywood y, de pronto, estará en las pantallas de todo el mundo, gracias a la magia del streaming y de Netflix, que la eligió como protagonista de una película sobre Juana Azurduy de Padilla.

Hoy, a sus 44 años, cuenta con satisfacción que trabajó en varios países de Latinoamérica, en España y en Estados Unidos. Aún así, contrariamente a lo que les sucede a muchos, se cree “una profeta en su tierra” porque logró convertirse en una de las protagonistas del cine boliviano.

“Estoy pasando por el mejor momento de mi vida profesional. Todo está listo para empezar la realización del filme Juana Azurduy, en locaciones bolivianas”, adelanta desde Los Ángeles, donde cumple con otros compromisos laborales en tiempo récord para regresar a Bolivia.

Una heroína boliviana

Carla se describe una mujer de temple, decidida y que no se rinde frente a la adversidad. Por ello admira a Juana Azurduy de Padilla, una de las heroínas de la Guerra de la Independencia boliviana, y considera un honor interpretarla.

Cuenta que será una mezcla de cinta histórica en la que doña Juana mostrará “de qué madera están hechas las bolivianas”.

“Es madera de la buena, de la inquebrantable”, menciona Carla.

Las grabaciones se harán en Sucre, en sus calles empedradas, sus casonas y conventos coloniales. También filmarán en algunas provincias de Chuquisaca.

Para sorpresa suya, la historia identifica similitudes en la contextura y tamaño de la heroína y ella, así que el maquillaje y el vestuario se encargará de la magia de la transformación.

Una vida para las cámaras.

Los inicios cinematográficos de Carla fueron en Bolivia y el papel que la consagró fue el de la Miskki Simi, la de los labios dulces, una mujer de pollera que conquista a un joven del pueblo, en el filme Los Andes no creen en Dios.

Con perseverancia y esfuerzo obtuvo papeles secundarios en telenovelas mexicanas y venezolanas y después en Hollywood, donde reconoce que la competencia es bastante dura.

Su currículum en la meca del cine tiene títulos como las series Guardianes de la bahía, CSI Miami, The Closer y la película The Wedding Chapel. También trabajó en los filmes Curse of the Mayans, Limusina negra, El Desorejado, Che Guevara, Beautiful Sadness, entre otras.

Hace cuatro años llevó a cabo uno de los trabajos más arriesgados de su vida, cuando fue a Siria, en pleno conflicto armado, para producir un documental en el que muestra las penurias e injusticias que vive ese pueblo.

Dicho trabajo ya está terminado y solo falta coordinar cómo será la presentación y luego la difusión.

A pesar de las críticas que recibió, muchas de los mismos bolivianos, es un trabajo que la tiene emocionada.

Compromiso con su país.

En 2011 creó una institución social que lleva su nombre. Y es que cree que los artistas deben utilizar su fama para servir a la humanidad, a la que, además, le deben lo que tienen.

Con su fundación ha estado en lugares de desastres, como los incendios forestales en la Chiquitania, en 2018, y, recientemente, en la lucha contra el coronavirus en poblaciones de escasos recursos.

“Cuando empecé mi carrera prometí que si llegaba a convertirme en una actriz exitosa pondría todo lo que consiguiera a disposición de la gente necesitada”, manifiesta. Y en ese plan está, aunque considera que aún le queda mucho por recibir y mucho para dar.

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